Finales y principios

Aunque sea algo muy típico, para mí siempre ha sido importante hacer balance del año que termina. Quizás sea yo la que siempre intenta ver de forma rebuscada un aprendizaje. Quizás no. Es como una especie de examen en el que pongo a prueba lo vivido y lo aprendido para poder seguir.

Siempre encuentro esas horas de descuento antes de las campanadas para poder sentarme y pensar. Y es curioso, porque incluso en esos años que una desea terminar, acaban apareciendo como flashes momentos increíbles que, de forma literal o figurada, han dado vida.

Análisis.

Autocrítica.

Miedos.

Y aunque estas fechas no me gustan, siempre he creído en los “nuevos comienzos”.

Creo en la magia de poder tener esa pequeña “barita mágica” y empezar de cero. Es como si con las campanadas se encendiese de nuevo la luz del semáforo que me invita a pasar. La diferencia es que esa luz que un día era verde ahora es naranja y me invita a hacerlo, pero con precaución.

Nunca pido grandes deseos. Solo salud y tranquilidad.

Poder ser cada día una mejor versión de mí misma y enfocar mis metas hacia la tranquilidad que la vida muchas veces me ha robado.

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