Hay días en el calendario que siempre han sido motivo de escritura. Cartas escritas a un destinatario que nunca podrá leerlas, una especie de “ritual” en un día en el que el mundo entero llena de felicitaciones a un pilar fundamental que yo ya no tengo en mi vida.
Y sí, es el día del padre.
12 años se cumplen hoy de la última vez que tuve a quién dedicarle ese día, aunque en el fondo se lo sigo dedicando a mi manera. No se muere quien se va, solo aquel que se deja de recordar.
Os mencionaba en publicaciones anteriores su enfermedad, su partida, pero no he hablado de cómo he aprendido a vivir sin su presencia, porque realmente creo que no supe vivir nunca, sino sobrevivir tras su partida.
Si soy objetiva y echo la vista atrás, sonrío pensando en lo poco que nos soportábamos mutuamente. Él esperaba lo mejor de mí, su exigencia y disciplina me mantenían firme y nuestra relación era muy distante. Yo esperaba su cariño en pequeñas dosis, en momentos puntuales, pero siempre me supo a poco el calor de sus abrazos.
Las discusiones estaban garantizadas. Mi rebeldía frente a su rigidez. Era un desafío constante y yo siempre salía perdiendo, y aunque asumía la derrota, nunca le di la razón. Recuerdo sus “porque sí y punto”. ¿Qué tipo de réplica podría dar yo a eso? Vuelvo a sonreír 🙂
Cada año que pasa, cada cumpleaños, cada 19 de marzo… me pregunto lo mismo: ¿Qué pensaría de mí si estuviese aquí? Y pensar en la respuesta me hace gracia, porque he dado muchos pasos equivocados y que diferían mucho de su forma de pensar, por lo que estoy segura, casi al 80 %, de que la relación sería hoy en día igual de fría y con largas semanas sin dirigirnos la palabra.
Él de derechas y yo a la izquierda siempre de todos sus pensamientos. Yo sensible e intensa y él calculador y contenido. Si es que en el fondo estoy segura de que intentaba moldear mi forma de ser, pero supe resistirme tanto que creo que al final terminé siendo su opuesta en casi todo.
Con esto, nunca podré decir que ambos no sabíamos el cariño que nos teníamos. Yo fui consciente muy tarde de ello y ese ha sido el mayor aprendizaje en todos estos años. Me pesan los abrazos que no le di, aunque rechistase y me apartase gruñendo. Me arrepiento de no haberle dicho más veces que lo quería, que era importante para mí y que necesitaba su figura para sostener mi vida. Tenía muchas cosas que enseñarme.
Días como hoy abro el baúl de los recuerdos y el álbum de fotos. ¿Queréis saber que apenas tenemos una decente? Es increíble. Él hablando, yo enfadada, ambos con los ojos cerrados. Menudo desastre.
Suspiro profundo. Creo que poco a poco he fulminado la rabia que le tuve mucho tiempo por haberme dejado sola. Si su rigidez al educarme era un presagio de lo que iba a pasar, sin duda superé todas las pruebas. Prometo que eché mano de todo lo que me enseñó y vi que hacía para salir adelante. Bueno… quizás a estas alturas incluso puedo decir que me pasé casi al extremo. Ahora la que se autoexige cada día y nunca está conforme con nada de lo que hago soy yo misma.
Cuando un padre se muere, tú también mueres, o al menos se muere una parte de ti. Y a veces no tiene que morirse físicamente; mi madre también me enseñó lo duro que es despedirse de alguien que te echa de su vida. Sea como sea, ningún hijo está preparado para decirle adiós a lo que se supone que te sostiene mientras tus alas no están listas para volar. Cuando pasa, caes al vacío y sobrevives como puedes. Nadie debería juzgar las heridas que nos quedan si logramos salir vivos de eso. Joder, bastante hemos hecho intentando escalar las rocas desnudos.
Papá, estés donde estés: GRACIAS. Desde arriba o desde donde sea, sabes que lo hice lo mejor que pude con lo que sabía en cada minúsculo momento. Me he equivocado, sí, pero también he hecho a lo largo de estos años cosas maravillosas que me gustaría que hubieses visto con tus propios ojos. También he de decir que me enseñaste a creer en las señales. Me da igual cómo suene esto, pero no puedes negarme que por momentos quieres decirme algo!
Hoy quise ver un vídeo en el que salías y sigo sin ser capaz de escuchar tu voz. Creo que todavía quedan los últimos pasos por dar y sé que cuando eso pase seré libre por fin.
Aprovecho para felicitar a todos los padres del mundo que ejercen su rol. Y abrazo fuerte a todas las personas que cada día de sus vidas luchan por no olvidarse del último abrazo.
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